Los niños necesitan aprender desde que son pequeños unos hábitos de vida o pautas de comportamiento. Al principio necesitarán de nuestra ayuda para lavarse las manos o cepillarse los dientes tras la comida. Si repetimos estas actividades de forma continuada con ellos, terminarán convirtiéndose en una costumbre.

Para ello también debemos enseñarles una educación en la mesa, si lo hacemos juntos disfrutarán del momento y aprenderán la importancia de comer sano y prepararse para ese momento.

En su primer año de vida el niño debe tener sus propios cubiertos. Debemos enseñarles para que se habitúen a su manejo y a utilizarlos correctamente para coger ellos mismos los alimentos y llevarlos a su boca. Poco a poco irán adquiriendo la habilidad, felicitad sus intentos y logros.

Es importante que el niño esté sentado mientras está comiendo. A partir del año, sentadlo en la mesa familiar con los mayores. Los principios serán decisivos para que el niño adquiera buenos hábitos alimentarios que incorpore a su estilo de vida.

Comer en familia debe ser un tiempo tranquilo y agradable que compartamos todos juntos. Muchas veces tenemos que usar nuestra imaginación para que tomen alimentos que son necesarios para su desarrollo.

No es tarea fácil convencerles de comer verduras, hortalizas, pescado o fruta. Una forma de educarlos en los hábitos alimenticios en esos momentos es hablando con ellos a cerca de lo que están comiendo, lo fuertes y altos que se van a poner y lo inteligentes que serán. Con estos pequeños detalles conseguiremos llamar su atención en este tipo de comidas y estimularemos sus gustos.

Otra forma de explorar y educar a los niños sobre lo importante que es una buena nutrición es llevarlos con nosotros al supermercado o al mercado más cercano de casa. Mientras estemos comprando podemos enseñarle la diferencia entre los productos sanos, los cuales deben ser habituales en nuestra dieta diaria, y los que son perjudiciales y por lo tanto, no debemos abusar de ellos.

Si además invitamos a nuestros niños a ayudarnos en la cocina, a que nos vean lavando las verduras y cocinando, comer será algo más divertido para ellos.

Existen muchos libros que nos ayudan a educar a nuestros hijos en una buena alimentación. En ellos los niños pueden descubrir historias sobre los alimentos que los familiarizarán con éstos y harán que la hora de la comida sea algo natrural y divertido y no un suplicio.

 

Comiendo de todo

“No quiero” es una de la frases más oídas entre los niños durante las comidas o cuando intentamos que prueben cosas nuevas. Por eso queremos descubrir algunos consejos para conseguir que nuestros hijos coman de todo y se diviertan con ello.

  • Los niños comen lo que ven que los padres comen.Si nosotros no comemos verduras, forzarlos a ello será algo que verán injusto.
  • Convertir la hora de la comida en algo especial también es posible. Nuestros hijos pueden escoger su plato, vaso, una servilleta con su personaje favorito o ayudarnos a preparar lo que se vayan a comer.

 

Fuera de casa

Cuando salgamos a comer fuera debemos organizarlo con cierta antelación e intentar mantener los hábitos higiénicos y dietéticos también en el exterior.

En salidas cortas podemos preparar recetas habituales y conservarlas en termos de viaje. Deberán consumirse pocas horas después de su preparación, así mantendrán sus características y nutrientes.

En los viajes largos recomendamos comidas listas para usar como las papillas de cereales, de frutas, potitos infantiles variados o zumos.

Otra alternativa es acudir a un restaurante. En este caso deberemos tener en cuenta la edad del niño, al que le podremos dar pequeñas cantidades de los que estemos consumiendo los padres. Hacedlos partícipes de la elección de los platos, pactar con el niño un menú ofreciéndole dos o más opciones para el postre.

Como padres debemos servir de guía, manteniendo las pautas de una alimentación saludable y equilibrada. Una salida puede ser una comida muy educativa para nuestros hijos, pero evitar sorpresas.

Intentad averiguar los ingredientes que componen algunos de los platos. También es un momento ideal para que prueben nuevos alimentos e intentar luego prepararlos en casa juntos. Cosas que no debemos hacer No dejéis de ofrecer alimentos que antes hayan rechazado. Si se los ponemos de forma reiterada y preparado de distinta forma, pueden acabar aceptándolo.

 

Hacer sólo las comidas que les gustan no es saludable

Debemos planificar un menú, que no debe ser muy distinto al de el resto de la familia. Podemos realizar la misma comida con ciertas modificaciones, triturada o presentándola en purés.

Será bueno que tengan una dieta variada. Los triturados y papillas no son aconsejables durante demasiado tiempo.

Una vez le empiecen a salir los dientes podemos darle alimentos con los que ellos intenten terminar de triturar su comida. Eso le ayudará a aceptar distintas texturas y a habituarse a la consistencia de algunos alimentos. Muchas veces es habitual hacer turnos en las comidas, primero los niños y luego los mayores.

Debemos intentar que a partir del primer año de vida el niño coma con todos los miembros de la familia, para que se familiarice con las conductas de los padres.

Se tratará de un momento ideal para reforzar buenas prácticas de alimentación y atribuirles beneficios a los alimentos que forman el menú.

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