Una correcta nutrición repercute positivamente en los primeros años de vida de nuestros hijos. No solo su estado de salud será mejor, sino que también afectará a su habilidad para aprender, sociabilizarse y comunicarse.

Si damos de comer bien a nuestros hijos desde su infancia, tendrán un futuro mejor. Una buena alimentación y la práctica de ejercicio físico son la base y defensa de numerosas enfermedades infantiles que, posteriormente, pueden llegar a dejar huella en nuestros hijos de por vida.

La nutrición y la salud están conectadas a través del tiempo de vida y, son fundamentales en el período infantil. Durante la infancia nuestros hijos tienen que adquirir unos buenos hábitos alimenticios.

Toda desnutrición que surja en la primera etapa, entre los 0 y 8 años, puede ser causante de posteriores enfermedades devastadoras. El exceso de las comidas grasas y la tendencia al sedentarismo en las actividades lúdicas está favoreciendo a un aumento de la obesidad infantil, tal y como lo demuestra el último estudio “Aladino”, realizado por la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).

En España, un 45,2% de los niños sufre exceso de peso, de los que el 19,1% tiene obesidad. Como padres debemos controlar y educar a nuestros hijos para así evitar cargas o enfermedades crónicas que puedan sufrir en un futuro.

Todas las medidas que tomemos en cuanto a la modificación de los malos hábitos alimenticios de nuestros hijos serán determinantes en la prevención de patologías en edades tempranas.

Comer es bueno

Nuestra salud depende en gran medida de lo que comemos, por ello es de vital importancia seleccionar correctamente la alimentación de nuestros hijos en sus distintas etapas de la vida.

Nuestro cuerpo necesita energía para vivir, para funcionar, construir o reparar tejidos, y es así como aseguramos nuestro correcto crecimiento. Los alimentos tienen nutrientes que son indispensables para desarrollar funciones vitales en el organismo.

La pirámide alimenticia nos indica en qué medida debemos tomar ciertos alimentos y cuáles son mejores para nuestro organismo.

• En la base encontramos los alimentos energéticos como el arroz, cereales propios del desayuno, las papillas de cereales infantiles, pan, pastas, patatas, etc. Estos alimentos son abundantes en almidón, lo cual supone un alto contenido de hidratos de carbono que aportarán energía a nuestros hijos.

• Por encima están las verduras, hortalizas y frutas. Se trata de alimentos vegetales que deberíamos comer diariamente porque contribuyen a la función reguladora del organismo. Además también hallamos el aceite de oliva virgen, que es una de las mejores grasas que podemos ofrecer a nuestros hijos, pues ayuda a la absorción de nutrientes esenciales.

• En el siguiente escalón, se encuentran los lácteos y derivados como la leche, yogures, etc. Se trata de alimentos con un gran aporte de calcio, nutriente vital en la etapa de crecimiento del niño.

• La carne, pescado y huevos proporcionan proteínas y son una muy buena fuente de minerales y vitaminas. Es importante que desde pequeño nuestro hijo coja el hábito de comer este tipo de alimentos, para que su dieta sea variada.

• Y finalmente, alimentos cuyo consumo debe ser ocasional como los embutidos, mantequillas, helados, bollos o golosinas. Se trata de grasas saturadas y azúcares que pueden ser perjudiciales para la salud.

El agua tiene una gran importancia en la alimentación. Sus funciones son imprescindibles para el buen funcionamiento del cuerpo, como regular la temperatura corporal o transportar sustancias que el cuerpo ya no necesita.

Repartiendo nuestra energía

Dependiendo de la edad de nuestro hijo variará el número de comidas que haya que darle al día. Debemos enseñar a los niños a repartir la energía a lo largo del día, ya que eso es lo que les permitirá tener una alimentación variada y equilibrada.

Los niños necesitan entre cinco y seis comidas diarias, que estarán establecidas según nuestra vida familiar. Como padres debemos insistir en la importancia que tiene el desayuno, ya que los prepara para las actividades del día y les proporciona nutrientes que mejorarán su rendimiento físico e intelectual.

Es importante acostumbrar al niño a desayunar y levantarse con tiempo para poder compartir ese momento en familia.

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