¿Qué siente un niño tímido? Consejos para ayudarlo

La tensión que produce la timidez natural puede resultar buena para los niños. Cuando la timidez nos lleva a vencernos a nosotros mismos y observamos que no sucede nada con relación al entorno, reafirmamos muchos aspectos positivos de nuestra personalidad. “he vencido mi timidez”; es decir, he vencido mis temores, las percepciones negativas sobre mí mismo y frente a los demás… eso me hace ser optimista, valorarme más, estar seguro, querer intentarlo de nuevo y mejorarme…

Una pequeña dosis de timidez no es mala; todo lo contrario: produce una tensión psicológica que nos pone en movimiento, en dinamismos de superación personal.

Esto que es válido para nosotros lo es de igual modo para nuestros hijos. El ejercicio de ir superando la propia timidez tiene que estar dentro de un proceso personal suave, graduado. Es algo que cada persona debe vivir.

El testimonio de Eduardo, un niño de 12 años, nos introduce de lleno en este asunto:

Me han dicho que soy tímido, y… ¿por qué soy tímido? Para mí las relaciones sociales son muy importantes. Los demás chicos son esenciales, me comparo con ellos y me siento importante muy pocas veces. Dicen que la timidez es una ‘tensión psicológica frente a los demás’. Muchas veces me encierro en mí mismo, me quedo paralizado, no puedo actuar, ‘estoy frenado’… entonces aparece el rubor, las palpitaciones, la sudoración y antes de todo esto el llanto y el nerviosismo.

Me han dicho que ‘no pasa nada’, que la timidez es un problema de expectativas, de ansiedad, que se produce cuando siento tensión al verme frente a los demás, aunque no comprendo muy bien qué significan estas palabras…
Además, dicen que puedo aprender poco a poco a afrontar estas situaciones dentro del colegio, que me ponen tan nervioso, hasta que se conviertan en ‘neutras’ (esto último no lo entiendo muy bien, creo que es que no me produzcan ningún efecto)… así llegaré a ser autónomo porque venceré mis propios temores.

Me gustaría que se cumplieran mis deseos más cercanos, jugar con mis compañeros, hablar en alto en clase sin que desaparezca mi propia voz, mirar a los ojos de mis compañer@s cuando se dirigen a mí, iniciar conversaciones, saber expresar mis sentimientos de manera adecuada y útil, dar respuestas cuando me las piden y aprender las habilidades relacionales más simples. Necesitaría ensayar varias veces cada situación representándola y que el profesor me dijera ‘sigue así, lo estás haciendo muy bien’. Además, me encantaría poder actuar de esta manera en las fiestas de cumpleaños, y también en mis actividades extraescolares… Me ayudaría mucho observar cómo otros compañeros se relacionan con los demás, de manera asertiva (creo que es así como se llama) cuando expresan lo que piensan sin alterarse, y se encuentran mucho mejor… quisiera tener amigos”.

¿Qué podemos hacer, como padres, si nuestro hijo o nuestra hija tiene dificultades para socializar?

Os dejo unas sencillas orientaciones:

Ayudar a ganar confianza en sí mismo y a perder la timidez de forma gradual evitando comparaciones con otros niños o con los hermanos.

– Trabajar conductas sencillas como:
• Dirigir y mantener la mirada.
• Iniciar la conversación.
• Formular preguntas sencillas y atractivas.
• Animarle a expresar una opinión.
• Ayudarle a expresar sentimientos de enfado, alegría… enfado a través de una expresión verbal socialmente útil y deseable.

– Comenzar con ‘un compañero de juegos’ y, poco a poco, ir aumentando el número de amigos para las diversas actividades.

– Cuidar ‘la sobreprotección’, dejarle ‘su espacio’ y permitir su autonomía manteniendo una importante dosis de paciencia.

Invitar a los primeros amigos a una merienda en nuestra casa o a jugar durante unas horas para que disfrute y se sienta seguro en su entorno.

Por Ana Roa, pedagoga
Consulta  ¡Vive la Vida! y ‘El yo infantil y sus circunstancias’

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