De mayor quiero ser… mago

Si mi hijo quiere ser mago, ¿cómo puede aprender? 

Hablar de una profesión poco convencional exige hacerlo también de su preparación. Existen libros, cursos, vídeos y tutoriales que revelan principios básicos de juegos y trucos visuales. Sin embargo, para llegar a ser un mago experimentado también es recomendable aprender y practicar en una escuela especializada, de las que hay muchas repartidas por toda la geografía española.

Ana Tamariz, hija de uno de los magos más importantes del mundo, dirige una de estas escuelas y decidió seguir los pasos de su padre a pesar de la presión que ello conlleva:

El apellido pesa mucho. Si lo haces bien nadie se sorprende y si te sale mal no lo entienden”. Sin embargo, para ella “no es necesario contar con un unos requisitos previos para empezar a estudiar magia, ¡cualquier niño puede convertirse en un gran mago!”. Eso sí, según la ilusionista y veterana, hay una única condición: “tener muchísimas ganas de hacer magia y de aprender”.

Nicolás Uriarte, aprendiz autodidacta con mucho desparpajo, se ha criado con los magos más famosos de la tele como Dynamo y David Copperfield y lleva 4 años aprendiendo magia. Coincide con Tamariz en que “si quieres llegar a hacer milagros con tus manos tiene que gustarte, porque te vas a tener que pasar horas y horas practicando y si no te gusta te va a ser una tarea muy aburrida”.

 

¿A qué edad deben empezar?
Lo ideal es comenzar con 8 años para que puedan vivir la magia desde el otro lado durante más tiempo, que la disfruten y después aprendan, empatizando así con el espectador. “A los alumnos les hacemos el truco para que sientan la emoción que van a sentir sus espectadores y después se lo explicamos”, señala Ana Tamariz. Nicolás nos cuenta sus sensaciones cuando él lo pone en práctica: “por un periodo de tiempo haces que los problemas del espectador desaparezcan”.

                 Nicolás Uriarte, aprendiz de mago

¿Qué aspectos desarrollan?

Según su experiencia como directora, para Tamariz la magia une a todos los alumnos de su escuela, independientemente de edades, sexo, estética, etc., al mismo tiempo que desarrollan ciertas cualidades.

Superan la timidez. Tienen algo especial, les llaman, les requieren.Aprenden a hablar en público, a comunicarse, a interactuar. Ellos mismos fabrican los juegos, lo que les da una seguridad tremenda y les enseñamos trucos con objetos cotidianos porque el que es mago, debe saber hacer magia con cualquier cosa y esté donde esté. Para la psicomotricidad también es muy bueno por los juegos con las manos, la colocación de los codos, la mirada… trabajan todo el cuerpo. Además, aprenden mucha psicología de cara al público, para saber cómo engañarles y conseguir así su objetivo. Nosotros también les enseñamos la base y ellos crean a partir de ahí, por tanto, la creatividad es una de las habilidades que más se desarrolla”.

Basta con tener ganas de aprender y ser constante. No solo desarrollan múltiples habilidades, sino que consiguen emocionar al público al darle lo que pide: cautivarlo con mucho arte.

Fotografía: Ana Tamaríz

Por Gemma García

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