El rotavirus: ¿Qué es y cómo se contagia?

El rotavirus es una enfermedad producida por un virus que ocasiona trastornos en el aparato digestivo, mayoritariamente a niños y bebés. Existen diferentes formas de referirnos al virus, pero la más conocida es la de gripe intestinal con la que muy probablemente nos sintamos familiarizados y a la que acarrearemos la mayoría de esas diarreas y vómitos que en algún momento presentan nuestros hijos.

El cuadro de síntomas de la enfermedad principalmente se resume en descomposición estomacal, aunque en ocasiones la fiebre se manifiesta; así como fuertes dolores abdominales, escalofríos o rigidez articular, produciendo más preocupación a los papás y mamás de la que debería.

No se trata de una enfermedad grave, aunque sus consecuencias sí pueden llegar a serlo, principalmente las ocasionadas debido a la deshidratación. Cuando los niños son muy bebés, resulta difícil hacer que controlen la ingesta de líquidos, por lo que en enfermedades como estas en las que la pérdida de líquido es muy marcada, en muchas ocasiones es necesario acudir a la hospitalización para tratarlas por vía intravenosa y así recuperar los líquidos perdidos lo más rápido posible.

La forma de contraer la enfermedad en general es bastante sencilla, el virus se centra en las heces de las personas infectadas, por tanto cualquier contacto con ellas, nos puede convertir en receptores de la enfermedad. Quizás puede resultar muy desagradable pensar en este tipo de contagios cuando hablamos de personas adultas en una sociedad como la nuestra, pero cuando nos referimos a niños con pañales a rebosar y juguetes que corren por todos los sitios, pensar en el contagio es más sencillo. Los principales lugares en los que podemos contraer la enfermedad son: la familia, la escuela o guardería y en los hospitales.

El tratamiento para el rotavirus como tal, podemos decir que no existe. Una vez pasada la infección, en unos 7 u 8 días estaremos como nuevos; eso sí, durante el transcurso de ella tenemos que intentar evitar la deshidratación y seguir los siguientes consejos:

  • La ingesta de líquido es muy importante. Agua o bebidas con alto contenido en sales es una forma de hacerlo. No debemos recurrir a los refrescos o zumos, ya que estos acostumbran a empeorar los síntomas. Tampoco debemos abusar de las dosis y beber cantidades grandes de liquido. En lugar de hidratar es muy posible que nos produzca más nauseas.
  • En caso de estar ofreciendo lactancia materna, mejor no interrumpirla. La idea de introducir leche de fórmula para intentar compensar la pérdida de líquidos, no es correcta ya que el cambio a otro tipo de leche en este momento delicado para el bebé, pues puede producir algún tipo de intolerancia.
  • Comer poca cantidad y muchas veces. De esta manera evitaremos las náuseas y sentirnos demasiado pesados

Actualmente existen dos vacunas en el mercado que se comercializan para prevenir contraer la enfermedad. Se administran en lactantes por vía oral, siempre de la mano de un profesional y, en función de la marca, las dosis de administración varían entre dos y tres. La vacuna se puede administrar a partir de los 2 meses de edad y se combina con el resto de vacunas de los 2 meses.

  1. Primera dosis: 2 meses de edad
  2. Segunda dosis: 4 meses de edad
  3. Tercera dosis: 6 meses de edad (si es necesario)

Al igual que el resto de vacunas, esta no se deberá administrar si detectamos algún tipo de alergia o reacción, ante la cual nuestro especialista nos podrá asesorar.

El rotavirus es algo a lo que padres y madres nos enfrentamos a diario y gracias a los últimos avances podemos estar más tranquilos, pero no del todo cubiertos.

Por: Sira Bellot – Consultora en Maternidad y Paternidad

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