Catedral de Valencia

Puede ser el Gótico el estilo arquitectónico que a los niños más les seduzca. A la amplitud de sus ventanales, por los que se puede filtrar toda la luz del mediterráneo valenciano, se une la altura de sus naves, asentadas por columnas que, a modo de palmeras, elevan las iglesias y decoran los techos por medio de unos nervios que se entrelazan haciendo una especie de juegos florales.

Asentada sobre un templo romano, mezquita después, el origen de la Catedral de Valencia se remonta al siglo XIII. No pertenece a un estilo unitario, pero desde luego el gótico mediterráneo español es el estilo constructivo predominante, aunque también contiene elementos del románico (la Puerta del Palau), del gótico francés (la Puerta de los Apóstoles), del renacimiento, del barroco (la Puerta de los Hierros o Puerta Principal) y del neoclásico.

Quizá sea El Miguelete, el campanario construido en los siglos XIV – XV, obra de Andrés Juliá, la parte más peculiar de la Catedral. Es una torre de planta octogonal, de marcado carácter gótico, que se encuentra junto a la barroca Puerta de los Hierros. En el interior de esta simbólica construcción una escalera de caracol conduce hasta la terraza, desde donde se divisa la ciudad, la huerta y el mar.

Otra de las estancias que merece la pena visitar con la familia es la Capilla del Santo Cáliz: Antigua Sala Capitular y de Estudios; en su origen, 1356, estaba separada de la Catedral. En ella se conserva el Santo Cáliz que, según la tradición, empleó Jesucristo en la última cena.

Asimismo, contiene algunas de las primeras y mejores pinturas del Quattrocento de toda la Península Ibérica, que llegaron de Roma a través de artistas contratados por Rodrigo de Borja, cardenal valenciano que fue nombrado Papa posteriormente bajo el nombre de Alejandro VI.

De especial interés son las visitas guiadas y la visita al Museo Catedralicio.

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